Cronistas de lo obvio – versión seria

El valor de la independencia

La exitosa mediación de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) en los conflictos regionales representó un hito poco valorado. Lo intangible de esos sucesos tan relevantes, esa sutileza con la que suele manifestarse la política, y las resistencias conocidas a los procesos independentistas sumergieron de algún modo la importancia de la actuación de Unasur. Sin embargo, ahora, a la distancia, el hito adquiere un significado especial a partir de las revueltas en el Mundo Árabe (o Medio Oriente y el Magreb, para ser más precisos), donde el reclamo popular no encuentra respuestas en el campo dirigencial. El que se vayan todos, el grito casi unánime por el final de las autocracias, el pueblo levantado para gobernar sus destinos no fue escuchado. Estados Unidos y Europa, temerosos del ejemplo iraní, se esforzaron por tomar las riendas de una transición que tiene un objetivo final y esencial: que nada cambie.Maquillaje, diría el tango. Y maquillaje fue lo que propusieron hasta el momento. En Túnez, se fue un líder, pero la estructura corroída por la violencia, la corrupción y el entreguismo se quedó quietita, en el mismo lugar. En Egipto, lo contrario: se quedaron los líderes, se fueron algunos segundos mandos, y la podredumbre de un sistema arcaico no se movió ni un centímetro. Las protestas, pese a todo, siguen. Quisieron vender que se estaban quedando sin combustible, que la gente ya había aceptado los ofrecimientos gubernamentales, pero las protestas siguen. Los mecanismos represivos continuaron, se agudizaron, incluso, pero las protestas siguen. El resultado de todo este proceso, entonces, surge lleno de interrogantes ¿En qué se transformará Egipto y el resto de los países de la región?, ¿podrán las potencias domar el reclamo popular, maquillar una realidad cruel con cambios superficiales y aplicar el siga, siga?Las manifestaciones y la situación que viven el Magreb y Medio Oriente recuerdan a la latinoamérica de fines del siglo pasado. Con matices, dado que son regiones bastante diferentes, pero con un factor esencial en común: el fracaso de un modelo social, político y económico que exige cambios, y el hartazgo popular. Los latinoamericanos (en especial nosotros, los del sur de América) lograron importantes cambios. Al margen del color político de los gobiernos, de los lentos avances y los constantes errores, reina un convencimiento de independencia e integración que hubiese hecho llorar al mismísimo Bolívar. Ellos, los árabes, están transitando ese camino, pero recién salen a la ruta. Al igual que nosotros, ellos también lo intentaron hace varias décadas y fueron aplastados: sus ansias de autogobierno terminaron en sangre y lágrimas. Hoy, pueden intentarlo de nuevo. Como nosotros.

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febrero 10, 2011 - Posted by | Uncategorized

1 comentario »

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